Febrero es un mes peculiar en la hostelería. Es corto, intenso y, en muchos lugares, marcado por el carnaval. Calles llenas, eventos especiales, cartas temporales y una mayor rotación de clientes conviven con una realidad menos visible pero decisiva: las cocinas trabajan bajo presión, con picos de producción y poco margen para el error. En ese contexto, la maquinaria de hostelería deja de ser un elemento de fondo para convertirse en una aliada clave.