Hasta hace no muchos años, la imagen de una terraza llena en enero se asociaba casi exclusivamente a turistas despistados o a días excepcionalmente soleados. Hoy, sin embargo, comer o tomar algo en terrazas de bares y restaurantes durante el invierno se ha convertido en una práctica habitual en muchas ciudades españolas. No es una excentricidad ni una moda pasajera: responde a una combinación de factores culturales, económicos y sociales que han redefinido la forma en la que se vive la hostelería.