Parece que el verano se resiste a marcharse. Las temperaturas siguen altas, el abrigo sigue en el armario y, seamos sinceros, todavía apetece una bebida fría más que un chocolate caliente.
Este alargamiento del calor —cada vez más habitual por el cambio climático— está modificando los hábitos de consumo: los clientes siguen buscando refrescos, cervezas y zumos fríos incluso bien entrado el otoño.