La hostelería española afronta un cambio estructural que va más allá de horarios, licencias o convivencia vecinal. El factor climático —y, en concreto, las olas de calor cada vez más frecuentes— está obligando a replantear cómo, cuándo y dónde se presta el servicio en bares y restaurantes. La última actualización del marco laboral del sector introduce un elemento disruptivo: la posibilidad real de tener que cerrar terrazas en pleno verano.